La cultura no es gratis*

12 05 2009

En una ciudad como Valparaíso que se ufana de ser sede de la institucionalidad cultural del país, el economista de la Universidad de Los Andes, en Bogotá (Colombia), Felipe Buitrago vino a revolver el gallinero.

Con la experticia que le entregó la coordinación del Programa para el Desarrollo de Economías Creativas del British Council en Londres, y tras conocer múltiples experiencias internacionales, asegura que Valparaíso tiene todas las condiciones para desarrollar su industria cultural. Eso sí, dijo que hay que terminar con hacer políticas intuitivas, que no se sustenten en los números; defendió abiertamente el rol de los artistas en el desarrollo de la sociedad; y se mostró decidido a terminar con el mito de que la cultura debe ser gratis.

Foto de Manuel Aguirre para Mercurio de Valparaíso

“Hay que hacer entender que la cultura no es gratis, no hay nada gratis en nuestras actividades; hay cosas que pueden ser de acceso gratuito, pero eso no significa que sean gratis. Hay que identificar y dejarle saber a la gente para que reconozcan cuánto están costando las cosas. Hay que hacerle entender que el trabajo de un artista es un trabajo de mucha dedicación, de mucho sacrificio. Sí, el artista nació con un talento, pero ese talento hay que educarlo, hay que nutrirlo, prepararlo y rodearlo de las condiciones adecuadas para que se pueda desarrollar y explotar”. De lo contrario, acotó, simplemente “estamos asumiendo que el artista es una persona con un don, que no tiene que hacer absolutamente nada para ganarse la vida, y que simplemente no está trabajando; y eso es falso, porque la realidad es que el artista se tiene que esforzar mucho y sacrificar muchas cosas en su vida para poder ser lo que es”.
Así lo expuso tras visitar el país y participar en el ciclo de conferencias del Curso Diploma Internacional de Gestión Cultural que se desarrolla en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

ZONA FRANCA
-A propósito de las industrias creativas, algunos parlamentarios apoyan la idea de una zona franca cultural para Valparaíso. ¿Conoces experiencias similares?
“El tema de las zonas francas puede ser inclusive más amplio o más genérico que las industrias creativas. No conozco específicamente ningún caso de zonas francas para industrias creativas, desde el punto de vista tributario, pero de alguna forma los cluster que podemos encontrar en el Reino Unido, en España y algunas partes de Estados Unidos o inclusive en algunos lugares de América Latina, donde tenemos estos cluster estos espacios dedicados o reservados a ciertos creativos con ciertos beneficios como rentas bajas, es una forma de zona franca. Y aunque los resultados son mixtos, en general se ve que tiene a haber un beneficio en el corto y mediano plazo para los creativos, y en el largo plazo para las zonas donde se establecen”.
Desde su perspectiva, “en el caso de los creativos, tal vez una zona franca como la imaginamos generalmente, como un gran espacio gigante, casi una porción grande de la ciudad dedicada a este tipo de incentivos, no es lo recomendable”. Lo ideal, añadió, “son espacios más pequeños, de pronto de una cuadra o una media cuadra donde los creativos empiezan a transformar de forma lenta el área que los rodea”.

-¿Están dadas las condiciones en Valparaíso para generar distritos de industria cultural o creativa?
“Cuando uno ve una ciudad como Valparaíso, con su riqueza arquitectónica, con su concentración humana, porque es una ciudad densa; donde hay una gran cantidad de actividad humana y cultural, donde los jóvenes y no tan jóvenes se encuentran en las noches en los mismos espacios, ciertamente que las condiciones están dadas”.
Dijo que si bien ya se aprecia más llegada de cruceros, turistas, la aparición de nuevos hostales y restoranes, de todas formas hay que desarrollar estudios para determinar qué zonas necesitan de ciertos impulsos, y no hacer inversiones intuitivas. “El mensaje que trato de decir es que hay que meterle números a eso, es importante conseguir evidencias, porque podemos tratara de tomar estas decisiones a partir de nuestra intuición, a partir de nuestras experiencias. Pero ciertamente su ponemos un poco de esfuerzo en esto, en identificar los números en todo esto, podemos tomar una decisión más informada y mucho más orientada en beneficio de una comunidad más amplia”.

-Tú planteas que otros sectores productivos son más hábiles en eso, y en plantear sus demandas en tiempos de crisis. Y das el ejemplo de la industria automotriz mundial, que presiona con los empleos que perderá si no recibe apoyo. ¿Cómo visualizar eso en la industria cultural de Chile?
“Eso aplica para Chile y de forma casi universal en todas partes. Yo menciono el caso de la industria automotriz, no es que tenga nada contra ellos, sino simplemente reconocemos que tienen una virtud muy grande: ellos saben quiénes son, cuánto tienen, cuántos empleos producen y cuanto aportan a la economía. El sector cultura permanentemente se rehúsa a dar ese debate. Y es importante que reconozcamos que tenemos un papel económico que jugar, que ese papel es relevante. Es tan relevante para muchas partes de la sociedad como lo es para nosotros ser portadores de identidad y de símbolos de la nacionalidad o el patrimonio material o inmaterial de los chilenos, los colombianos, de los brasileros o de los europeos”.

-¿Es viable la industria cultural acá, en una ciudad donde muchos están acostumbrados a que todo sea gratis, como eventos masivos o carnavales culturales? En definitiva, mucha gente no quiere pagar por la cultura.
“Esa es una construcción cultural que se ha dado en el último siglo, y que hay que corregir de alguna forma. Eso no quiere decir que lo que estamos diciendo acá es que el Estado debe retirar sus aportes en cultura, sino que simplemente debe redefinir la forma en que genera esos aportes. Claro, los carnavales por naturaleza son de acceso gratuito para la población, pero la población debe entender que el acceso gratuito no quiere decir que sea gratis, la gente debe comprender cuánto está pagando en impuestos”.
Al final, agrega, siempre hay alguien que financia, más allá que la entrada sea liberada. Hay que pagar a técnicos, artistas, transporte…todo tiene un valor.

-Mucha gente es capaz de viajar de Valparaíso a Santiago pagando más de 50 mil pesos para ver bandas musicales internacionales, pero no quieren pagar mil pesos para escuchar a una banda local en Valparaíso, y reclaman porque no es gratis…
“Podemos ir más lejos. Hay gente que está dispuesta a viajar desde Santiago o Valparaíso hasta Nueva York para escuchar un concierto de U-2, y eso le podría costar 1.500 dólares, mientras que no está dispuesta a pagar por grupos locales acá. Y esa es una tendencia que se repite en muchas partes, y hay que revertir esa tendencia, lo cual no significa cobrar por todo”.

* Nota publicada parcialmente en Diario El Mercurio de Valparaíso

Anuncios

Acciones

Información

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: